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Objetivos de la divulgación científica

Acerca del artículo

Autor: Manuel Calvo Hernando
Año: 2006

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Como todo concepto que encierre variedad y complejidad, la divulgación científica resulta difícil de definir. Yo espero que cada lector y cada usuario de estas páginas pueda elaborar su propia definición o al menos los conceptos que subyacen en ellas. Por otra parte, y aunque sea una antigua práctica en las sociedades humanas, es en nuestro tiempo cuando la divulgación alcanza proporciones que implican al menos una preocupación universal, y por ello no hay todavía suficientes estudios e investigaciones, aunque su número ha crecido en los últimos años.

Está por elaborar una teoría de la divulgación, pero su campo empieza a delimitarse como consecuencia de una serie de trabajos y escuelas en varios países.

La divulgación de la ciencia constituye virtualmente un sistema de conocimiento, cuyo principio rector es la reformulación clara, amena y delimitada del conocimiento científico, de sus resultados y de su método (Alboukrek, 1991) y a la vez una forma especial de transmitir este conocimiento (Beltrán, 1983). Si el científico es responsable del rigor, el mediador entre la ciencia y la sociedad es uno de los elementos indispensables de esta dimensión básica de nuestro tiempo que es la difusión del conocimiento.

EL DISCURSO DE LA DIVULGACIÓN

En la segunda mitad del siglo XX, asistimos a una creciente consideración de la divulgación como una disciplina universitaria y profesional, tanto por parte de periodistas y escritores como de investigadores y docentes. Lógicamente, en los países industrializados se encuentra en un estadio más avanzado, y en EEUU forma parte de numerosos planes de estudios y de programas de investigación. Luis Racionero ha llamado tercera cultura a esta especialidad de nuestro tiempo ("Abc", 16-X-1992).

La mayor parte de los científicos son conscientes de que su lenguaje los limita, por lo que requieren de mediaciones. Como ha observado Roger Bartra (entrevista con Guadalupe Zamarrón, en Naturaleza, Universidad Nacional Autónoma de México, 5/83) son muy raros los científicos que logran directamente lo que un novelista, sin bajar el nivel de su discurso: ser entendidos por amplias masas. Se necesita, añade Bartra, toda una cadena de intérpretes, profetas, predicadores, intermediarios, divulgadores, periodistas más o menos especializados en divulgación, etc.

Bartra se refiere a nuestro ámbito cultural, donde esto suele suceder así. Como vemos en otros lugares de este libro, hay sociedades como las anglosajones y la francesa, entre otras, en las que los científicos están más habituados a comunicar con el público y éste suele ser más educado científicamente.

Contra lo que parecería a primera vista, la divulgación de la ciencia es una de las actividades que más creatividad e imaginación exige a sus cultivadores. Incomprendida con frecuencia, esta es una batalla con dos frentes: por un lado, debe extraer su sustancia, sus materiales, del cerrado ámbito científico, y por otro, ha de llegar, interesar y, si es posible, entusiasmar al lector común con sus resultados. Sólo un ejercicio riguroso e imaginativo puede establecer el necesario puente entre la ciencia y el ciudadano.

Los discursos de divulgación se apoyan en un dispositivo de mediación: como la comunicación entre especialistas y profanos se ha hecho imposible, un tercer hombre (el divulgador) se interpone para traducir a la lengua vulgar la jerga del investigador y para suscitar interés, curiosidad y emoción ante las instituciones y los hombres y mujeres que desarrollan el trabajo investigador. El mediador procura la relación entre los actores de la ciencia y la tecnología y el gran público y puede también plantear dudas e interrogaciones de orden ético que impliquen a científicos, dirigentes políticos y sociales y gran público.

Para el biólogo mexicano López Beltrán (1983) la divulgación de la ciencia es un discurso autónomo y creativo, que, a pesar de lo que generalmente se cree, no es ni apéndice del mundo científico, ni un periodismo especializado y que, por sus fines y exigencias, está más cerca de los textos literarios. Podría añadirse que también del arte, tanto para dar la ocasión al arte de apropiarse de las conquistas de la ciencia y de la técnica, como para promover o facilitar el conocimiento científico por la vía de la creación artística y también para implicar al creador artístico en la realización final del producto (Coiteux, 1989).

Generadora de dudas, centrada sobre la incertidumbre y los problemas, la información científica se aleja un tanto de esa divulgación tradicional de tendencia pedagógica que se presenta con frecuencia como la afirmación de nuevas certezas y hace sin cesar llamamientos a informaciones básicas, tenidas por verdaderas: he aquí qué es el átomo, qué es el cáncer, como será el recalentamiento de nuestro planeta (Sormany, 1991).


OBJETIVOS

En la publicación En la ciencia (Centro Universitario de Comunicación de la Ciencia, México, 27 marzo 1991) Alboukrek atribuye los siguientes objetivos a la divulgación, como un proceso de desarrollo e integración de múltiples disciplinas y oficios:

a) Es capaz de crear una atmósfera de estímulo a la curiosidad por la ciencia y su método.
b) Ayuda a despertar la imaginación.
c) Cultiva el espíritu de investigación.
d) Desarrolla la capacidad de observación, la claridad de pensamiento y la creatividad.
e) Contribuye a descubrir vocaciones científicas.
f) Propicia una relación más humana con el científico.
g) Erradica mitos.
h) Abre caminos hacia la participación del desarrollo cultural universal.
i) Enriquece la condición humana, en un sentido más filosófico.

Ya en 1966, en su discurso al recibir el Premio Kalinga de la Unesco, E. Rabinowich afirmaba que en el pasado la divulgación científica tenía dos objetivos fundamentales. El primero era de tipo intelectual: proporcionar a la gente sin formación científica avanzada la posibilidad de participar en la gran aventura cultural de la investigación científica, y de adquirir un sentimiento hacia la belleza que encierran las grandes construcciones teóricas de la ciencia moderna.

El segundo objetivo era de orden práctico: suministrar a los profesionales interesados información susceptible de ser utilizada en su propio trabajo, ayudarles a comprender la importancia inmediata que para ellos tienen los nuevos descubrimientos científicos. Hay que decir que hoy este objetivo está, en parte, a cargo de los planes de reciclado profesional y formación permanente, especialmente entre médicos, biólogos, ingenieros, etc.

Un tercer objetivo ha surgido en nuestros días para la divulgación científica, al convertirse la ciencia en instrumento decisivo para el presente y el futuro de las sociedades humanas, tanto en sus aspectos positivos (capacidades energéticas y productivas extraordinarias y mejoramiento sustancial de la calidad de vida) como en los negativos (capacidad de destrucción, consumismo indiscriminado y dilapidador, empobrecimiento sistemático de la naturaleza).

Ante esta trascendencia que la actividad científica ha alcanzado en la segunda mitad del siglo XX, su divulgación adquiere ahora, pues, una función nueva: ayudar a las sociedades a comprender los riesgos de la ciencia para prevenir el futuro, incluída la propia supervivencia de la especie humana, y los beneficios potenciales: acabar con el hambre, la pobreza y la enfermedad.

Lo que en el pasado ha sido sólo un sueño, una utopía, puede convertirse, con la era científica, en una posibilidad real (Rabinowitch, 1967). Por ello, es vital para la humanidad adquirir una comprensión adecuada de estos poderes de la ciencia y la tecnología y ello exige transmitir actitudes científicas objetivas, que permitan abordar con eficacia las soluciones a los problemas, sean o no éstos creados por la propia ciencia.

Para Rabinowitch, la tarea primordial de la divulgación científica es educar a la sociedad humana para vivir en un nuevo mundo creado por la revolución científica. Y esto no puede ser una operación de corto alcance o de emergencia. Ya no se trata solamente de explicar al hombre de la calle las certezas científicas de nuestro tiempo, sino de enseñar a las naciones a adaptar sus formas de vida (especialmente en el plano internacional) a las condiciones y exigencias de la era científica.

Esta función pedagógica de la divulgación de la ciencia es destacada también por Pierre Sormay (Conferencia CCP, Madrid 21-24 mayo 1991), para completar las deficiencias de la enseñanza.

Hoy, los objetivos de la divulgación científica han sido sistematizados por Daniel Raichvarg y Jean Jacques en su espléndido estudio "Savants et Ignorants" (1991). Para estos autores, históricamente pueden considerarse los siguientes objetivos de la divulgación:

* Conocimiento del Universo.
* Exposición del progreso de las ciencias.
* Apropiación popular del universo intelectual.
* Participación en los poderes que otorga la ciencia.
* Aprovechamiento de las posibilidades liberadoras de la difusión de la medicina, la astronomía, etc, con una doble justificación: mostrar las aplicaciones de la ciencia y modificar la imagen pública de la investigación básica.
* Asegurar una cierta presencia de la ciencia en la cultura, a través del conocimiento del lugar que ocupa la ciencia en nuestra vida cotidiana.
* Contribuir a formar una conciencia sobre los beneficios de la investigación y también sus posibles riesgos.
* Combatir el temor a lo desconocido, aprendiendo que no todo es definitivamente incomprensible.

Creo que sería útil una comparación de estos objetivos con los que Girard (citado por Bisbal) atribuye a las políticas culturales a través de los poderes públicos y que en algunos aspectos pueden coincidir con los objetivos de la divulgación:

1. Ampliar el acceso a la cultura: democratizar, descentralizar y estimular la vida cultural de la población.
2. Mejorar la calidad de los medios de comunicación de masas y desarrollar los medios comunitarios e individuales.
3. Promover una creación pluralista, fomentando una mejor utilización de los talentos y elevar el nivel de vida de los artesanos y de los profesionales de la cultura.
4. Modernizar las instituciones clásicas de la difusión cultural.
5. Fortalecer el potencial de producción cultural nacional.
6. Velar por el prestigio exterior del país y proteger su independencia cultural.




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